Páginas

Lo que pienso, lo que leo, lo que dicen, lo que deduzco e induzco, lo que imagino, lo que noto, lo que oigo, lo que veo, lo que sé y lo que no sé sobre la voz y la comunicación.

sábado, 28 de mayo de 2011

Argumentos en contra de la relajación (II)

2ª parte



Orador relajado no es orador

Las fotografías inferiores muestran algunos momentos de discursos de reconocidos oradores, en la web hay cientos de imágenes similares, y en ninguna de ellas aparece el orador relajado. 
Estar relajado, como ya se dijo en la 1ª parte, es estar laxo, dejado, desconectado muscularmente. 
Cuando realizamos una comunicación pública lo que nos interesa es captar la atención, atraer las miradas, despertar la escucha, atrapar el interés de los oyentes. Y nada de lo anterior se produce si el cuerpo está relajado.


Por puro diseño biológico tendemos a prestar mayor atención a los cuerpos que parecen estar a punto de hacer algo, a los cuerpos que están en un estado de disposición a la acción, preparados. 


Ello probablemente se produzca a través de las ya famosas neuronas espejo, neuronas copionas que nos permiten simular el estado de lo observado en nuestro propio organismo. 

Un cuerpo relajado “contagia” de ese modo su relajación y no despierta ningún interés, porque sabemos, por propia experiencia, que desde la relajación no ocurrirá nada de manera inmediata.
Frente a los cuerpos relajados están los cuerpos dispuestos a la acción, cuerpos con un arousal elevado (activación fisiológica) que imantan a quien los mira. Son cuerpos en estado de alerta, atentos y que, también en este caso, contagian, pero lo hacen despertándonos, disponiéndonos a escuchar o a mirar.
Al margen de lo gratificantes que puedan resultar las sesiones de relajación, su utilidad de cara a entrenar a un orador, un actor o a cualquiera que deba afrontar una tarea, es más que cuestionable. Ni el tipo de respiración, ni la tasa cardíaca, ni las sensaciones musculares, ni el estado de activación que se experimentan en una sesión de relajación son aplicables a la realización de una acción.

Al igual que en esos estados se modifican los parámetros citados, también cuando el organismo se dispone a actuar se producen una serie de cambios tanto neurovegetativos (acaloramiento, aceleración cardíaca…) como motores (orientación de la mirada, enderezamiento del cuerpo, gestos...),conformando un patrón de respuestas interdependientes. 


Dado que entrenar la parte neurovegetativa es bastante complicado, el   entrenamiento útil será aquel que se encamine hacia la implantación de los patrones motores, y que lleve a construir un cuerpo acorde con el estado que perseguimos.

Una intervención en público debería parecerse mucho más a jugar un partido de tenis que a dormir la siesta.
En una intervención pública, como en un partido, el orador  se mantiene atento no sólo a sus jugadas, sino también a las que realiza su compañero de juego, que en este caso serían las reacciones de sus oyentes. Ello exige en el orador un nivel de escucha, un grado de activación cerebral y muscular que en absoluto son entrenables a partir del reposo.

Por todo lo dicho lo adecuado sería entrenar la alerta, ya que es eso lo que buscamos, y no su opuesto (la relajación).

¿Atrae tu atención? Observa bien, NO está relajado.


Licencia de Creative Commons

domingo, 15 de mayo de 2011

Argumentos en contra de la relajación ( I )


Relajación y voz:  un oxímoron peligroso.

Nos hemos acostumbrado a asumir que la relajación es un estado deseable, aspiramos a caminar relajados, a trabajar relajados, a escuchar, incluso a hablar manteniendo el estado de relajación . 
Sin embargo, perseguimos un imposible; ninguna actividad es compatible con el estado de laxitud. Para realizar cualquier acción o incluso cualquier movimiento precisamos un nivel de esfuerzo. Esfuerzos diferentes para acciones diferentes, pero siempre esfuerzo.

relajar.
(Del lat. relaxāre).
1. tr. Aflojar, laxar o ablandar. U. t. c. prnl..
10. prnl. Dicho de una parte del cuerpo del animal: Laxarse o dilatarse por debilidad o por una fuerza o violencia que se hizo.
13. prnl. Conseguir un estado de reposo físico y moral, dejando los músculos en completo abandono y la mente libre de toda preocupación.
Real Academia Española © Todos los derechos reservados



La producción de la voz depende del trabajo coordinado de los órganos que se ocupan de la respiración, vibración y amplificación.
Producir sonido audible a partir de unos repliegues que miden entre 1,4 (en mujeres) y 2,5 cm (en hombres)  y que se encuentran en un órgano suspendido (la laringe), requiere un importante trabajo muscular.

Cuando el resto del cuerpo se desvincula de la tarea, buscando estar relajado,  la laringe pierde la firmeza que deberían darle los apoyos de la musculatura extrínseca y realiza el esfuerzo ella sola, produciendo con esto no sólo peor resultado, sino también  un mayor riesgo de sobrecarga  laríngea con las consecuencias que ello conlleva: cansancio vocal, nódulos, pólipos...
Para entenderlo comparemos cómo resulta nuestra firma en las pantallas de pago con tarjeta, frente a cómo lo hace cuando tenemos apoyado el antebrazo. El apoyo del antebrazo facilita que el pequeño movimiento de muñeca y dedos se produzca de manera mas fluida, podríamos firmar muchas veces antes de cansarnos, mientras que bastará firmar al aire media docena de veces para que notemos  a nuestros músculos protestando. Y no podremos hacerlo, ni de una forma ni de la otra, si estamos relajados.
Lo mismo ocurre con la laringe, por un lado, si está en reposo no producirá vibración y por ende no habrá sonido, y por otro, si algunos de los grandes músculos de la espalda, pecho y cuello están activos (es decir, contraídos y no relajados) le servirán de soporte, mientras que si no lo están se verá bastante dificultada su tarea (como al firmar al aire). 

Los repliegues vocales, antes llamados cuerdas vocales, se abren y cierran entre 150 y 250 veces ¡por segundo!, al tiempo que la laringe completa sube y baja en nuestro cuello  (puedes comprobarlo mientras cantas con distintos tonos). Estas maniobras de ascenso y descenso laríngeo las realizan alternativamente dos grupos de músculos que tienen una inserción en el hueso hioides (el único del cuerpo que no se articula con ningún otro) y la otra en una estructura fija: cráneo, maxilar, esternón...



Del hueso hioides pende la laringe, así que cuando los músculos que sujetan al hioides se contraen logran subir o bajar el hioides y en consecuencia subir o bajar  la laringe.
Es un gran trabajo realizado a velocidades de vértigo por un órgano suspendido en el cuello, que, tal y como ha quedado argumentado, es incompatible con la relajación laríngea y peligroso si se pretende realizar con el resto del cuerpo desvinculado.



Si lo deseas puedes seguir leyendo sobre este tema en las entradas: Argumentos en contra de la relajación II y III

Licencia de Creative Commons

3000herzios by Carmen Acosta Pina is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 3.0 Unported License.

domingo, 3 de abril de 2011

La proyección de la voz

Los formantes que se sitúan alrededor de los 3000Hz consiguen que la voz humana se escuche por encima de todos los instrumentos de una orquesta. 
El oído humano, en concreto la pars petrosa del hueso temporal, tiene una "simpatía" especial por estas frecuencias.
Y el ligamento ariepiglótico, que une los aritenoides con el cartílago epiglótico, el mismo que  sirve de tapadera al sistema respiratorio en la deglucción , es el principal responsable de conseguir que la proeza se produzca.

Este hecho ¿no es el ejemplo más evidente del escurridizo término de la proyección vocal?








Proyectar es lanzar, dirigir hacia delante o a distancia. ¿Hacia dónde? Como dice Le Huche: al oído del receptor.

 La proyección de la voz es una acción, una acción dirigida y por lo tanto es una acción con finalidad. ¿Cuál es la finalidad de lanzar palabras?, las posibilidades de respuesta son tantas como intenciones, pero si hacemos caso a los retóricos clásicos, podríamos aunarlas en tres categorías: convencer, enseñar y deleitar. Estas tres, sin embargo, también son reductibles a una categoría de nivel superior, pues todas tienen un rasgo común decisivo: su objetivo.  Convencer, enseñar o deleitar, son formas de producir un efecto en el receptor, es decir, tienen en común que obedecen a una intención de tipo apelativo

Sin embargo, la finalidad apelativa está supeditada a que el mensaje sea recibido, es decir a que la palabra se oiga y entienda. La finalidad apelativa  sirve de motor de arranque de la proyección vocal, pero si el motor no tiene listas sus piezas  no arrancará o no lo hará en óptimas condiciones.


Por tanto, el entrenamiento debe dirigirse en primer lugar a manejar con destreza los resortes corporales que son responsables de la audibilidad en condiciones no cotidianas: el esfínter ariepiglótico y de la inteligibilidad: los órganos del habla.









sábado, 26 de febrero de 2011

El discurso del Rey

Investigación vs tradición.



En esta película el logopeda Lionel Longue (Geoffrey Rush) es un claro ejemplo de rigor sin concesiones. Sabe por experiencia  cuáles deben ser las reglas del juego y las fija  sin admitir discusión por parte de profanos (por muy aristócratas que sean), haciéndolo desde la seguridad que la confirmación de los hechos le aporta. Él es el experto (práctico, hábil, experimentado. DRAE).
Su aproximación es seria y contrastada con los datos, un ejemplo de paradigma de conocimiento científico.

Los métodos que emplea para ayudar al duque de York, futuro Jorge VI (Colin Firth), son novedosos en ese momento, vanguardistas, lo cual no juega a su favor, como tampoco lo hace el no poder mostrar títulos que lo acrediten, sin embargo su forma de abordar la tartamudez de su paciente se apoya en la confrontación con los resultados, en la experimentación y en el análisis, todo lo cual le lleva a ir dando con la solución del problema.

Frente a él se sitúan el resto de acreditados médicos, foniatras o logopedas que basan sus técnicas en la repetición de unos recursos que se han dado históricamente por eficaces aún cuando los hechos no evidencien su efectividad. Es como si aceptaran lo que irónicamente diría Einstein: “si la teoría no se ajusta a los hechos, tanto peor para los hechos”.
Esta situación sigue vigente. Amparándose en un relativismo que la mayor parte de las veces se cimenta en quimeras o en un saber parcial y no contrastado, se siguen utilizando técnicas que son impermeables a los nuevos conocimientos y a los avances técnicos, y cuya exclusiva defensa es la tradición. 
Hace más de 100 años se sabe, por ejemplo, que el diafragma es un músculo inspiratorio que actúa en todas las inspiraciones. Sin embargo, todavía hay quienes siguen pretendiendo que los pacientes o los alumnos entrenen su diafragma para el control espiratorio o que realicen respiraciones diafragmáticas (todas lo son), o incluso “que hablen con el diagragma”. 
Afortunadamente cada día van cuajando con más fuerza técnicas, véase por ejemplo Voice Craft, que parten del acervo de conocimientos científicos sobre el funcionamiento del organismo, para plantear los entrenamientos y que además comprueban su eficacia a través  del análisis de la señal sonora mediante sofisticados programas informáticos.

Pura epistemología científica que produce sarpullido a los charlatanes de la voz, como lo producía en los defensores de la tradición el abordaje del logopeda del Rey.



Licencia de Creative Commons
3000herzios by Carmen Acosta Pina is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 3.0 Unported License.

lunes, 7 de febrero de 2011

Expresión oral



Las técnicas de expresión oral: bases teóricas.
Nos recuerda Novarina que el habla se nos ha dado para oír lo que está mudo
Y es precisamente del cómo hacer oír  las instancias de lo mudo (intenciones, sentidos, emociones...) de lo que se ocupa la expresión oral. 
Todos sabemos que el lenguaje es un código, un código que trabaja con un sistema de signos: los signos lingüísticos, signos artificiales sustitutivos, nos dirá Umberto Ecco.  Es decir, signos creados que no mantienen una relación directa con lo designado y que sustituyen a lo que designan. 
Por eso para Foucault el lenguaje es siempre la distancia que nos separa de las cosas y para Nietzsche  todo lenguaje es necesariamente metafórico.
Las técnicas de expresión oral aceptan el reto de exprimir al signo lingüístico hasta sus últimas posibilidades. Llevan hasta los límites sus características, juegan con su artificiosidad, cuestionan su linealidad, ponen a prueba su capacidad sustitutiva, amplían su carácter biplano (significado/significante) seccionando una y otra vez esos dos niveles para después fusionarlos, convirtiendo al fin a la palabra dicha en un paisaje sonoro que nos permite hacer hablar a lo mudo.



Licencia de Creative Commons
3000herzios by Carmen Acosta Pina is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 3.0 Unported License.

sábado, 22 de enero de 2011

Las preguntas más frecuentes de mis alumnos




  • ¿Por qué los bebés no se suelen quedar afónicos?
  • ¿Por qué por teléfono notan cómo nos sentimos?
  • ¿Por qué no hay dos voces iguales?
  • ¿Qué hacen los imitadores para lograr parecerse al original?
  • ¿Por qué los nervios pueden hacernos tartamudear?
  • ¿Por qué al despertar la voz suena diferente?
  • ¿Por qué suelen parecerse las voces de distintos miembros de una familia?
  • ¿Por qué los hombres cambian la voz y las mujeres no?
  • ¿Por qué la voz envejece?
  • ¿Cómo logramos emitir distintos tonos?
  • ¿Para qué tienen laringe los otros mamíferos?
  • ¿Por qué un sonido muy agudo puede llegar a quebrar una copa?
  • ¿Por qué en la ducha todos cantamos mejor?
  • ¿Por qué si una grabación la escuchamos a mayor velocidad la voz suena más aguda?
  • ¿Por qué nos parece que una grabación nunca reproduce fielmente nuestra voz? 
  • ¿Por qué bostezamos, tosemos y estornudamos?
  • ¿Qué es el hipo? ¿Cómo se puede evitar el hipo en escena?
  • ¿Por qué se produce el ronquido?
  • ¿Qué hacemos para subir el volumen?
  • ¿Por qué si inhalamos el aire de un globo de helio nuestra voz se vuelve muy aguda?
  • ¿Qué hacemos para "cambiar la voz"?.
  • ¿Qué quiere decir resonancia?
  • ¿Por qué el idioma chino suena más agudo que el ruso?
  • ¿Por qué son difíciles los trabalenguas?
  • ¿Es cierto que después de hablar con un lápiz entre los dientes se articula mejor? 
  • ¿Cómo se proyecta la voz? ¿Es lo mismo que impostarla?
  • ¿Cómo se logra que una voz de volumen bajo llegue a todo el teatro?
  • ¿Cómo podemos diferenciar, a igual volumen, una voz gritada de una voz potente?
  • ¿Por qué después de una juerga la voz suena "a juerga"?
  • ¿Qué pasa cuando estamos afónicos?
  • ¿Qué son unos nódulos?
  • ¿Por qué los fumadores acaban teniendo voz de fumador?
  • ¿Cuál es el mejor tipo de respiración para la voz profesional? 
  • Cuando se habla de apoyo en la emisión ¿A qué se refiere "apoyo"?.
  • ¿A través de qué mecanismos afectan las emociones a la voz?.
  • ¿Cómo se producen los “gallos”?
  • ¿Qué relación guarda el cuerpo con la voz? 

Licencia de Creative Commons

      domingo, 26 de diciembre de 2010

      El arte de hablar: la comunicación humana



      Introductio:

      La comunicación no es reductible al intercambio de información, comunicar es algo más que empaquetar las palabras o las ideas y enviarlas al destinatario para que las desempaquete, el proceso es más complejo, incluye otros factores y, sobre todo, obedece a una intencionalidad diferente. 
      Tomando como referencia las funciones del lenguaje planteadas por Jacobson, vemos como el trasvase de información sólo compete a la función referencial del lenguaje, mientras que el proceso comunicativo añade un componente apelativo, intencional, un uso del lenguaje como instrumento de acción. 

      El lenguaje pasa de ser un código a ser un instrumento con el que modificar la realidad externa, tanto del receptor como del contexto.
      Este poder de la palabra era bien conocido por los retóricos antiguos, de acuerdo con sus ideas, el discurso debía regirse por tres objetivos: instruir, mover, atraer o provocar y deleitar (todos ellos apelativos), que ordenaban las cinco operaciones básicas de  constitución del discurso (inventio, dispositio, elocutio, memoria y pronuntiatio o actio). 
      La última de ellas, la actio o pronuntiatio, es la que compete directamente a la oratoria, disciplina ocupada del “arte de hablar”.

      Actio o pronuntiatio
      Quintiliano en su “Rhetórica ad Herenium” dice que el uso de ambos términos está justificado, pues cada uno de ellos hace referencia a uno de los aspectos implicados en la actualización discursiva, mientras que la pronuntiatio haría referencia a la voz, la actio lo haría al lenguaje corporal. 
      Es decir, que al contenido, se le añade la forma, el cómo sobre el qué. Esta doble consideración al incluir el componente corporal  da también cabida a considerar la dimensión espacio-temporal del discurso, objeto de estudio de la pragmática (proxemia) actual. Y supone una apreciación del texto discursivo como un tejido o red de múltples signos que por ser de naturaleza distinta traen al momento comunicativo múltiples significantes que interactuan poniendo en juego  los diversos sentidos que cada significante invoca.
      Esta sensorialidad de la comunicación, que trasciende al elemento racional, es la que la convierte en un instrumento tan efectivo, entra en el receptor por todos (o casi) sus sentidos. Así la comunicación queda vinculada no sólo a la comprensión textual, sino también a la experiencia sensitiva. El receptor o auditor se caracteriza en este caso por la poliacrosis o audición plural.

      Así, en esta línea de cosas, ocuparnos del arte de hablar es ocuparnos, tal y como lo enuncia Cicerón, del modo en que se dice, que está en dos cosas: en el actuar y en el hablar.


      Empecemos por el hablar. En su Rhetorica ad Herenium, Quintiliano, sucesor de Cicerón, se ocupa extensamente de las cualidades de la voz, estableciendo que éstas dependen tanto de las condiciones naturales como del arte en el uso de esas condiciones. 

      En la actualidad sabemos que la determinación anatómica en cuanto a cualidad vocal es tan pequeña que resulta poco significativa y que la voz obedece fundamentalmente a factores relacionados con el aprendizaje, con lo que Quintiliano llamaba el arte.  Pero las tres facetas que propone Quintiliano en cuanto a aspectos a desarrollar siguen teniendo vigencia. Él nos habla de la magnitudo o volumen (….), de la firmitudo o firmeza (….) y de la mollitudo o suavidad o flexibilidad, siendo ésta última la que permite que la voz pueda amoldarse a las distintas entonaciones conversacionales, polémicas o amplificadoras. 
      Son los estudios paralingüísticos actuales los encargados de ordenar y sistematizar los distintos componentes vocales que envuelven al lenguaje. La paralingüística los sistematiza dividiéndolos en características básicas, alternantes y calificadores. (….)  
      Fruto de la intervención en paralelo, simultánea, de  éstos elementos vocales y de la multisensorialidad del mensaje, en el que se supone implicado el cuerpo entero, es lo que Valle, en su conferencia sobre Oratoria y teatro llama el “matiz”, lo que Barthes denomina “grano de la voz” o lo que Jouvet nos describirá como “deslizarse en la palabra”. Fisiológicamente este fenómeno parece explicable por el aumento de resonancias graves perceptibles como vibraciones en la zona pectoral y que dotan a la voz de una “organicidad” fruto de una colocación laríngea descendida, pero que son recibidas como cuerpo vibrante que sustenta el mensaje, como implicación en el mensaje. Acústicamente se percibe como voz aterciopelada,  vibrante o corpórea. Es, en definitiva, fruto de una implicación muscular, real, en la intención del mensaje.
      La palabra exige una pronunciación clara y correcta. Cualquier problema articulatorio trasladará la atención al procedimiento articulatorio en sí mismo haciendo que los fines persuasivos de todo el acto, su razón de ser, se vean comprometidos o dificultados. La pronunciación adecuada será a la postre aquella que no sea perceptible, que cumpla con su cometido de manera tan eficaz que no llame la atención ni por su defecto ni por su exceso, siempre y cuando la pérdida de su neutralidad no sea deliberada y obedezca a una intención comunicativa formal.
      La pronuntiatio fruto de la interacción de los diversos factores vocales inmersos en la articulación, si bien se desenvuelve en el terreno de la forma, resulta elemento comunicativo en cuanto que esa forma informa, valga la redundancia, si bien no con un código establecido o directamente traductible, pero sí envolviendo al mensaje de una u otra atmósfera vocal de tal modo que lo hace evocar uno u otro tipo de contenidos. 
      Todos sabemos que cuando entra en contradicción el qué se dice y el cómo se dice, el pulso lo gana la forma, el cómo. Esa tensión entre ambos aspectos es la que  posibilita el uso de la ironía o determinados efectos de comicidad.  
      Pero en la pronuntiatio, a la voz del emisor y a su pronunciación, se le suma también, como un nuevo halo de significaciones evocadoras la forma sonora de la palabra dicha. Es lo que la estilística estudia bajo el nombre de fonosimbolismo o fonoestilística, el valor del sonido en sí mismo como elemento sugeridor o invocador de sensaciones. 
      Es interesante en este punto recordar la metáfora que Alex Grijelmo nos propone en su libro la seducción de las palabras, cuando nos dice que cada palabra es como un frasco de perfume que al ser abierto vertiera su aroma en el aire, ese aroma, fruto de todos los usos anteriores, es también fruto del tipo de sonidos que conforman las palabras, de tal modo que se hace imposible hablar de sinónimos, pues al tener significante distinto van a “oler” (por seguir con el juego metafórico) de forma diferente. Piénsese, por ejemplo, en padre/progenitor/papá o en querer/amar, ambas parejas consideradas sinónimos según la RAE. 


      La actio
       Si el elemento formal vocal tanto del individuo como, aunque en menor medida, de la palabra, pueden cuestionar, refutar o reforzar el contenido del mensaje, por encima aún hay otro elemento cuya influencia domina sobre las vistas. Estamos hablando del gesto. 
      El gesto puede significar más que las palabras, puede incluso significar más que las palabras dichas. Los mensajes corporales aun cuando son decodificados de manera menos consciente que los anteriores ejercen una poderosa influencia y crean una tensión dialéctica entre le mensaje enunciado y el cuerpo gestualizante que lo sustenta, nutriendo al hecho comunicativo de una nueva dimensión espacio-temporal. La figura poliédrica se va completando. 
      Cuando esa dialéctica se rompe, bien porque  el gesto resulte en exceso redundante o bien, al contrario, porque el  gesto informe de otra realidad, todo el contenido del mensaje se va a ver afectado.  En el primer caso, comprometemos la finalidad del discurso, el exceso de elementos explícitos provocará irremediablemente una relajación de la atención del receptor, con lo cual cualquiera de las finalidades se va a ver dificultada. En el segundo, la forma corporal gana el pulso a la palabra hablada, si en ésta la voz dominaba al contenido, ahora es el cuerpo el que es capaz de vencer a la voz. Asumimos de manera general que el cuerpo no miente, quizá porque se escapa más que el resto del control consciente.
      Para Quintiliano el gesto debía estar regido por la idea de “aptum”, de adecuación, de coherencia, es lo que mucho después Lausberg traduce como “armonía” entendiendo con ella la concordancia de todos los elementos que componen el discurso o guardan relación con él.
      En la actualidad, la llamada comunicación no-verbal se ocupa de los mensajes corporales y a través del estudio de la kinesia, proxemia y cronexia  busca desentrañar sus sistemas de significación. 
      Los estudios kinésicos organizados a partir de tres grandes ejes:  gestos, maneras y posturas, que se aplican como matrices de observación a los distintos segmentos corporales (rostro, manos, postura, apoyo…)  buscan establecer las claves de un lenguaje corporal que pueda ser dominado para su uso consciente o deliberado. 
      Por su parte la proxemia, a caballo entre la paralingüística y la pragmática, toma como objeto de análisis las relaciones espaciales, su componente social, su valor comunicativo. 
      Y, por último, la cronexia se ocupa de la percepción subjetiva del tiempo como variable influyente en la comunicación.

      El arte de hablar, será pues el resultado de la medida, de la proporción adecuada de los distintos elementos que hemos ido analizando, de su armónica intervención, de su equilibrio.
       Kandinsky, en este sentido, hablaba de la ley de distribución, según la cual cuando un elemento comunicativo es muy poderoso, el resto debe aminorar su presencia en pro de la armonía. Una  armonía que está guiada por el concepto de aptum al que aludíamos antes y que nos recuerda que toda la situación no se da en un vacío contextual, ni en cuanto a los factores internos ni en cuanto al tipo de texto o acto comunicativo y que la consideración de esos factores harán que lo “apto” se configure de un modo u otro. Podemos de alguna manera hacer equivalente ese concepto al de una estética que se transparente en el tratamiento de los distintos elementos que conforman el acto comunicativo.
      Decía al principio que la comunicación entendida como algo más que intercambio de información nace de la presencia de una intención apelativa. Esa intención presente en el momento de actualización discursicva, en la actio y pronuntiatio estudiadas y a la luz de todo lo visto, tiene un indudable carácter de actuación en sentido teatral. Ya Aristóteles la asociaba al teatro afirmando que “la actio cuando se aplica, hace lo mismo que en el arte teatral”. No debemos olvidar que la semiótica teatral en su teorización está relacionada con esta quinta y última operación discursiva, en cuanto se refiere al texto espectacular y a la representación teatral actualizada en la que los elementos fundamentales son el personaje y en él su pronuntiatio (voz y características articulatorias) y su actio (kinesia, proxemia y cronexia), el espacio, el tiempo, el universo sonoro no vocal y los sistemas de significación que atañen a los sentidos menos racionalizables, pero no por ello ausentes (olfato, gusto, tacto).

      Conclusión







      Quiero concluir con Heidegger ( es lo único que haría con él)  afirmando que la palabra hablada es la morada del hombre, por lo que, añadiría, que el arte de hablar no es otra cosa que invitar a otro u otros a compartir esa morada, sus colores, sus aromas, sus alimentos, sus sensaciones o sus vistas.



      pastedGraphic.pdf