
La laringe es una espita, una compuerta, una válvula que soluciona un doble problema de diseño:
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Vista desde arriba. Obsérvese la entrada al esófago y a la tráquea. |
1. La situación en paralelo de la puerta de entrada hacia el sistema respiratorio (por donde sólo debe entrar el aire) y la estrecha puerta de acceso al sistema digestivo (por donde deben deslizarse los sólidos y los líquidos). Ambas situadas tras un acceso común (boca y faringe) que actúan a modo de embudo que conduce tanto a los sólidos y líquidos como a los gases hacia abajo.
2. La necesidad de poder mantener el aire dentro de los pulmones y parar momentáneamente el vaivén respiratorio con un tubo abierto (la tráquea) al que le faltaba la tapadera.
Ambas funciones posibilitan la supervivencia ya que, por un lado, si algo distinto a los gases se cuela en nuestro sistema respiratorio morimos, y por otro si no pudiéramos cerrar la compuerta del aire no podríamos realizar esfuerzos tan importantes para seguir vivo como defecar, toser o parir.
Si intentas levantar un objeto pesado mientras dejas que salga el aire comprobarás que tu fuerza ha desaparecido.

Para cumplir con sus funciones cuenta con una estructura formada por 5 cartílagos movidos por 7 músculos. Como su cometido principal es tapar a la tráquea, 6 de esos 7 músculos se dedican a garantizar el cierre y sólo 1 es el encargado de destaparla.

El mecanismo es idéntico al deglutir que al realizar esfuerzo excepto en el descenso de la epiglotis que no ocurre en el esfuerzo y sí en la deglución.
Vamos a centrarnos en el esfuerzo, ante él se disparan los mecanismos de doble cierre y esto es de suma importancia, porque ese disparo del doble cierre se produce ante cualquier esfuerzo.
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Bandas ventriculares |

Cantar en los extremos de nuestra tesitura, apurar el aire hasta el final, hablar en público o dar una mala noticia suponen esfuerzo y ante esas o similares situaciones nuestros músculos laríngeos responderán exactamente igual que cuando defecamos, tosemos, parimos o movemos objetos pesados. De hecho la sensación de nudo en la garganta no es otra cosa que el resultado del doblecierre del que hablamos.
Cuando producimos voz sólo deberían aproximarse los pliegues vocales (“cuerdas vocales”) porque el empuje de las bandas ventriculares (“falsas cuerdas vocales”) dificulta la vibración fluída de las primeras produciendo no sólo un resultado sonoro distorsionado sino un peligroso sobreesfuerzo.
Es fácil comprobarlo, por ejemplo si emitimos un sonido mientras apretamos una palma de la mano contra otra comprobaremos que conforme aumentamos la fuerza en ambas manos nuestro sonido se va quebrando (empiezan a participar las bandas ventriculares) hasta llegar a desaparecer (hemos cerrado por completo el espacio glótico).
Cuando en el habla ese patrón de doble cierre tiende a repetirse termina generando diversas patologías vocales. Es por ello que aprender a evitar ese doble cierre debe ser el primer objetivo en la educación de la voz hablada o cantada.

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