ταχύς (veloz) + λαλία (habla) = TAQUILALIA

Hablar rápido no es un problema, el tempo de los acontecimientos, de los medios de transporte, del intercambio comunicativo, del acceso a cualquier información y, en definitiva, de buena parte de cuanto nos rodea, está muy lejos de ser pausado. ¿Por qué debería el habla demarcarse de las circunstancias en las que acontece?
La única razón que justifica los reparos es el riesgo de que la velocidad llegue a comprometer el sentido del hablar, es decir, que el habla se vuelva tan rápida que el discurso se vea transformado en una emisión atropellada de sonidos ininteligibles, o difícilmente inteligibles para el oyente.
Hablar rápido puede ser una habilidad y no un problema, siempre y cuando la comunicación no se vea entorpecida.
Hablar rápido y ser entendido exige, en primer lugar, estar en buena forma articulatoria, sólo unos músculos ágiles son capaces de moverse a velocidad de vértigo sin perder precisión. (Se dice que la lengua puede llegar a realizar 650 movimientos por minuto en un tempo no acelerado.) (En una entrada anterior recojo diversos ejercícios destinados a la agilización de los órganos articulatorios)
Pero también exige ser capaz de mantener las variaciones melódicas, rítmicas, y acentuales que nutren al lenguaje y lo hacen más "apetecible" al oyente. Cuando la velocidad no permite que esos componentes sean variados y acordes con el sentido, el habla puede perder buena parte de su razón de ser, porque un discurso monótono y formalmente atropellado, aunque la articulación sea clara y el tempo sea rápido, no facilita la escucha, por muy buena voluntad que el oyente ponga.
Cuando se dan esas circunstancias, recomiendo abordar la taquilalia desde dos focos:
- Ejercitar la duración de los fonemas. (Por ejemplo, jugar a que cada vez que aparece la /m/ su tiempo de emisión ha de doblarse.)
- Emisiones en las que cada acento de palabra se acompañe de un golpe y de un marcado aumento en tono/intensidad.
- Dibujar con el gesto la curva melódica que se va emitiendo.
- Y, en general, todo tipo de ejercícios que llevan a tomar conciencia de los elementos prosódicos que se están empleando.
- Trabajar sobre los acentos enfáticos decididos previamente, y aplicando sobre ellos los diversos modos que existen para marcarlos ( tempo, tono, evocación fonética, redundancia... )
- Asociación de la sintaxis con el gesto. Parto de una gestualidad exagerada que luego se va reduciendo, incluso hasta desaparecer, pero que deja el poso de la estructura del discurso.

3000herzios by Carmen Acosta Pina is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 3.0 Unported License.